I. La incomodidad del silencio
Blaise Pascal, genio precoz de las matemáticas y la filosofía, escribió hace más de tres siglos una frase que sigue golpeando como un espejo:
“La infelicidad del hombre se basa en una sola cosa:
su incapacidad de quedarse quieto en su habitación.”
No hablaba de cuarentenas ni de aislamiento. Hablaba de la incapacidad de estar con uno mismo.
Pascal observó que el ser humano, incapaz de sostener el silencio interior, sale al mundo buscando distracciones: conquistas, placeres, pantallas, conversaciones sin pausa. Todo sirve para no mirar hacia dentro, para evitar sentir el vacío.
Ese vacío no es un enemigo; es simplemente el espacio que dejamos cuando olvidamos quiénes somos.
II. La huida del vacío
Según Pascal, corremos de una cosa a otra como si el movimiento nos salvara.
Pero el ruido, los proyectos y la prisa son sólo una forma elegante de no pensar.
El filósofo veía en los reyes, rodeados de lujos y entretenimientos, el ejemplo perfecto de esta huida. Ellos tenían todo lo que deseaban… excepto la capacidad de estar en paz consigo mismos.
En eso, tres siglos después, no hemos cambiado mucho, al contrario tenemos más estímulos que nunca, pero menos serenidad.
Nos protegemos del silencio como si fuera peligroso, cuando en realidad es el único lugar donde podríamos descansar de verdad.
Nos protegemos del silencio como si fuera peligroso, cuando en realidad es el único lugar donde podríamos descansar de verdad.
III. El miedo a mirar hacia dentro
Pascal entendía algo esencial, cuando el ser humano se queda quieto, empieza a ver lo que normalmente evita ver, su fragilidad, su soledad, su finitud y eso da miedo.
Pero esa incomodidad es el umbral del conocimiento. Solo quien se atreve a mirar su vacío puede empezar a llenarlo de sentido.
“La grandeza del ser humano consiste en su habilidad de conocer su miseria”
Blaise Pascal.
Conocer la propia miseria no es hundirse en ella, sino comprenderla para transformarla. Como en el budismo, donde el sufrimiento no se niega, se ilumina.
IV. Quietud: el laboratorio de la conciencia
Estar en silencio no es perder tiempo. Es crear el espacio donde la mente se ordena y el alma respira. Pascal llamaba a esto la quietud interior, el momento en que dejamos de huir y empezamos a escuchar.
En esa quietud, el pensamiento se vuelve espejo y la persona descubre que el vacío que tanto teme… es en realidad el lugar donde habita el Ser.
V. Aplicación
INNER toma el pensamiento de Pascal y lo convierte en prácticas cotidianas:
- Quédate quieto unos minutos al día. No busques nada. No escapes del silencio. Deja que te incomode un poco.
- Observa qué aparece. Miedo, ansiedad, aburrimiento. No los reprimas. Solo míralos.
- Recuerda: lo que te inquieta no es el silencio, sino el ruido que llevas dentro y que ahora puedes ver.
Porque, como diría Pascal, no hay felicidad sin quietud, y como diría INNER, no hay claridad sin silencio.
Conclusión
Pascal nos dejó una advertencia y un camino:
Mientras huyamos del silencio, seremos esclavos del ruido, pero cuando nos atrevemos a quedarnos quietos, descubrimos que el vacío no era el enemigo…
era la puerta de regreso a nosotros mismos.
