lunes, 15 de diciembre de 2025

LA FALACIA DEL NUEVO SER

 





La Falacia del Nuevo Ser

Cuando el calendario cambia, pero tú sigues siendo tú


Cada enero promete redención, un cambio, un "este año sí".


Ahora sí iremos al gimnasio, meditaremos cada mañana, comeremos sano, leeremos más, amaremos mejor y por unos días, parece que la voluntad flota en el aire como el confeti de las celebraciones.

Pero la resaca de los propósitos llega pronto. La agenda se llena, el cansancio vuelve y la “versión nueva” de nosotros mismos se disuelve entre excusas, notificaciones y cafés a media tarde. Ahí, sin darnos cuenta, caemos una vez más en la falacia del nuevo ser, una creencia de que un cambio de fecha equivale a un cambio de conciencia.

Veamos algunos puntos:


1. El mito del reinicio

La mente ama los comienzos: el lunes, el primero de mes, el cumpleaños, el año nuevo, cada fecha parece una oportunidad para borrarlo todo y empezar de cero.

Pero la vida no se reinicia, se continúa. No hay una versión “antigua” y otra “nueva” de ti, solo una conciencia que crece, se equivoca, se observa y aprende.

El problema no es querer mejorar, el problema es pensar que el cambio real ocurre por decreto y no por comprensión.

Esto se llama el espejismo del ego evolutivo, una voz que promete una identidad brillante sin haber mirado aún las sombras que te impiden sostenerla.


2. Por qué los propósitos se rompen

No fallamos por falta de deseo, fallamos por exceso de ilusión.

Creemos que podremos mantener un nuevo hábito solo porque lo hemos decidido, sin darnos cuenta de que la decisión no transforma nada si la conciencia que la toma sigue siendo la misma.

Pascal dijo:

“la infelicidad del hombre es no poder quedarse quieto en su habitación”.

Eso es exactamente lo que ocurre cada Año Nuevo, queremos movernos, cambiar, hacer, lograr... sin haber aprendido todavía a permanecer presentes en lo que somos ahora.

Por eso los propósitos se rompen:

  • Porque son irreales, nacidos de la prisa y no del autoconocimiento.

  • Porque los vivimos con mentalidad de todo o nada, castigándonos por cada tropiezo.

  • Porque no hay plan ni paciencia, solo expectativa.

  • Porque esperamos magia del calendario en lugar de compromiso con la práctica.


3. El ego que promete transformación

Detrás de cada “nuevo yo” suele esconderse el mismo viejo ego,
solo que con ropa distinta. El ego quiere evolucionar sin morir, quiere cambiar sin soltar el control, quiere progreso sin proceso.

Por eso inventa el personaje del nuevo ser: disciplinado, productivo, espiritual, fit, lúcido. Un avatar perfecto que rara vez resiste al primer lunes de enero.

La trampa es sutil:
al querer dejar atrás la versión “antigua”, negamos la comprensión que solo ella puede darnos y sin comprensión, no hay transformación, solo maquillaje emocional.


4. Cómo romper la falacia

Te propongo otra mirada, no un nuevo ser, sino un ser más consciente.
No empezar de cero, sino empezar despierto. Estas son algunas prácticas sencillas:

  1. Baja el listón, pero sube la presencia.
    En lugar de prometer “ser más feliz”, proponte observar qué te roba la felicidad cada día.

  2. Crea pequeños compromisos sostenibles.
    Diez minutos de consciencia diaria valen más que una semana de disciplina forzada.

  3. Permítete fallar sin castigo.
    Cada caída es una parte del camino, no un final.

  4. No esperes fechas.
    El mejor día para empezar es cualquiera en el que estés dispuesto a hacerlo sin espectáculo.

  5. Hazlo desde ti, no desde la comparación.
    Lo que otros hacen puede inspirar, pero no definir tu ritmo.


5. De propósito a propósito interior

La palabra “propósito” no debería significar meta, sino sentido.
No “qué quiero lograr”, sino “por qué quiero hacerlo”.

Cuando esa pregunta se vuelve honesta, el cambio deja de depender del calendario y empieza a depender de la coherencia.


Una reflexión Final

El verdadero Año Nuevo no llega el 1 de enero, llega el día en que dejas de perseguir versiones nuevas de ti y comienzas a honrar lo que ya eres.

No hay “nuevo ser” esperando al final de una lista de propósitos, hay un ser presente esperando que lo escuches hoy.

“No cambies para empezar. Empieza para comprender. Porque cuando comprendes, ya has cambiado.”

No hay nuevos comienzos, solo nuevas formas de conciencia. Cuando la conciencia despierta, el tiempo deja de importar porque cada instante se convierte en el primer día del resto de tu verdad.